La noche en la que Arctic Monkeys conquistaron el Palacio
by hugocosta on Xaneiro 28, 2012
La de anoche fue mi tercera vez con Arctic Monkeys en dos años. Los vi ante poco más de 10.000 personas hace cerca de dos años en el multiusos Vistalegre de Madrid, hace unos meses en Benicàssim y, por último, ayer en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. En el recinto que había acogido a los Monkeys unos años atrás, Vistalegre, tenía lugar otro concierto, el de Pitbull. Dos extremos, musicalmente hablando, a pocos quilómetros de distancia.
Si no me falla la memoria (y, ya aviso, suele fallarme) la de ayer fue la tercera visita de Arctic Monkeys a la capital. El lanzamiento de su último álbum, Suck it and see, es la excusa para esta gira de presentación, que en la noche de hoy los llevará al Palau Sant Jordi de Barcelona. Los asistentes disfrutarán de un espectáculo enérgico, musculoso, acelerado y, si es como el de anoche, breve. Quizá esta última sea la única pega que se puede poner al derroche de adrenalina y rock and roll que los Monkeys llevaron ayer al Palacio de los Deportes; un concierto que, parón incluído, apenas llegó a la hora y veinte minutos y que se al público se nos pasó en un santiamén.
Con más puntualidad que en la anterior visita a Madrid (no era difícil), se apagaban las luces y, en unas décimas de segundo, el público del Palacio ya deliraba y los gritos resultaban ensordecedores, y eso que la banda aún no se había subido al escenario. El concierto arrancó con el primer single del último álbum, Don’t sit down ’cause I’ve moved your chair. Los primeros acordes fueron más que suficientes para poner al público a saltar brazos arriba, efecto que se acrecentó con el pegadizo y coreable (y coreado) estribillo, y aún más con el segundo tema, Teddy Picker, el corte del segundo disco que la banda ha rescatado, con éxito, para esta gira. Literalmente sin pausa llegaba Crying Lightning, en representación de Humbug, a la que el público recibió con entusiasmo, aunque dejando claro que lo que buena parte de ellos querían escuchar eran los pepinos de los primeros discos, aunque estos, como casi todo lo bueno, se hicieron de rogar. Llegaron The Hellcat Splanged Shalalala y Black Treacle, lo más pop del concierto y, especialmente la segunda, de lo mejor, y a continuación llegó la siempre efectiva Brianstorm, que convirtió el Palacio de los Deportes en una pista de baile. Sin tregua cayeron The View from the Afternoon y I bet you look good on the dancefloor, temas del primer disco que, en la mitad del concierto, representaron el clímax; el público ya se había despojado de su compostura y algunos hasta de sus camisas. El Palacio ya olía a rock and roll (es un olor muy parecido al sudor) cuando se sucedieron las exhibiciones del stoner rock adaptado al sonido monkey que Josh Homme les inculcó hace algunos años; Library Pictures, Evil Twin y Brick by Brick, de las mejores del concierto. Luego llegaron las clásicas This House is a Circus y Still take you home, directas, hiperactivas, hormonadas e inapelables como siempre. Antes de hacer la típica falsa despedida nos dejaron respirar con tres de sus temas más calmados, She’s thunderstorms, Do me a favour y la ya clásica When the sun goes down cuya parte introductoria, como es habitual, cantó el público con un inglés muy del sur de Reino Unido, concretamente de Madrid. Después de la pausa, a modo de despedida, llegaron Suck it and see, Fluorescent Adolescent (para mi, de largo, la mejor del concierto) y 505, que contó con la colaboración a la guitarra de Miles Kane, el que fue telonero de la banda y que, por cierto, dio un gran concierto presentando su último disco, Colour of the trap.
Y punto. En poco más de 80 minutos Arctic Monkeys dieron una soberbia lección de rock and roll. Resultaron divertidos, mostraron un gran dominio de los tiempos e instrumentos e hicieron bailar a los cerca de 15.000 entregados asistentes. En la próxima visita a España, si siguen evolucionando tanto y tan bien como hasta hoy, el aforo del Palacio de los Deportes será insuficiente, igual que antes lo fue el de La Riviera o el de Vistalegre. Con apenas 25 años Turner se disfraza de rockabilly para parecer tan adulto como su música. Ya teníamos claro que los de Sheffield hacían muy buenas canciones, pero con lo de ayer dejaron claro que en directo son un grupo enorme, y que, cada día más, el escenario se les queda, en todos los aspectos, muy pequeño.
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